Ana Delgado Cortés (Madrid, 1973) es poetisa. Es Licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Ha recibido premios como el
Andrés Salom ( de Asociación Taller de Arte Gramático) por su primer libro
Zoología marina, vertebrados terrestres. En 2008 recibió el XXV Premio Carmen Conde por
Poemas del amor sumiso.
Enrique G.L.-
¿Cómo se define?
Ana Delgado Cortés- Las definiciones son, en el
mejor de los casos, declaraciones de intenciones que a menudo cambian y que,
lamentablemente, suelen tener poco que ver con la realidad. Dejémoslo en “Ana
Delgado Cortés”; así, con los dos apellidos.
E.G.L.- Un libro
A.D.C.-Son tantos que no sé con cuál
me quedo. ¿El que me aficionó a la lectura? ¿El que me apasionó en la adolescencia?
¿El que me mostró que otras formas de escritura eran posibles? ¿Aquel cuyos
personajes me emocionaron? ¿El último que he leído? ¿El siguiente que tengo
previsto leer? ...
E.G.L.- Un autor
Ocurre igual que con los libros. Si digo uno,
cierro tantas puertas… Pero aun así, ahí
van tres poetas: Gonzalo Rojas, Luis Rosales, Sor Juana Inés de la Cruz.
E.G.L.- Un
actor/actriz
Ninguno en particular.
E.G.L.- Una
película
Léolo, de Jean Claude Lauzon. Pura poesía.
E.G.L.- Un día
especial
En lo literario, el día que publiqué mi
primer libro, Zoología marina,
vertebrados terrestres. Esa noche dormí con un ejemplar sobre la almohada.
Puede parecer extraño, pero hace poco leí una entrevista a Ana María Matute en
que contaba que ella hizo esto mismo con su primera publicación. Y seguro que
no somos las únicas.
E.G.L.- Usted es
comunicadora, es periodista. ¿Cree que esa preparación le ha ayudado ha
canalizar su talento, a comunicar las historias que quiere plasmar en sus
obras?
Los estudios de periodismo y la profesión
nada tienen que ver con el ejercicio poético. Aun así, es un privilegio
trabajar con una materia prima tan apasionante como es la palabra. El trabajo
del día a día obliga a escribir de manera continua, a no perder mano. Pero la poesía
es algo distinto: para mí es a veces un refugio y la forma de escritura más
absoluta, más pura.
E.G.L.- Sin duda,
ya al ver qué carrera ha escogido se ve que es usted una persona que se inclina
por la vocación, porque en la actualidad, muchos sectores y personas buscan
carreras con salidas, el problema es que en estos momentos la salida única para
la juventud parece ser la emigración o el paro.
Los tiempos cambian a una velocidad
vertiginosa; los negocios también. ¿Quién sabe cuáles van a ser las profesiones
más demandadas de aquí a cinco o seis años, cuando uno termine sus estudios? La
única garantía es aprender lo más posible de aquello que de verdad nos gusta y
mantener una actitud abierta y flexible ante las oportunidades que luego puedan
darse. Es lo único que verdaderamente depende de nosotros. El mundo laboral
luego impone sus reglas y, para bien o para mal, tendremos que jugarlas.
E.G.L.- Parece que
no son buenos tiempos para el periodismo. Muchas cadenas de televisión, radios
y periódicos hacen despidos, y el mundo de la televisión comienza a llenarse de
personas cuya preparación dista mucho de la comunicación y el lenguaje vitales
para un buen periodista. ¿Qué opina de esta situación?
El periodismo vive varias crisis simultáneas.
Por un lado está la caída de los ingresos publicitarios (muy relacionada con la
crisis económica), pero también está la disminución del número de lectores de
pago. Es necesario un cambio de modelo de negocio pero nadie parece tener
demasiado claro cuál puede ser el más rentable. Sensacionalismo y
mercantilización son dos de las salidas más fáciles, por eso es tan fácil
encontrar programas que banalizan los contenidos y simplifican el contexto en
que vivimos. Sin embargo, el periodismo comprometido e independiente es hoy muy
necesario. Para controlar los desmanes autoritarios de quienes nos gobiernan,
para denunciar las injusticias, para formar e informar a los ciudadanos de sus
deberes y sus derechos. Queda mucho por hacer, por eso no son malos tiempos
para el periodismo.
E.G.L.- En la
actualidad muchos presentadores y colaboradores reciben oportunidades en el
mundo editorial. Esto en más de una ocasión ha levantado polémica…
Pero es parte de la misma dinámica de la que
hablábamos: mercantilización de los medios y de la literatura. No se busca
divulgar la cultura, ni siquiera promover la lectura. Se trata de vender un
producto aprovechando la relevancia pública de determinado personaje. Pero esto
no es nada nuevo. Ocurre lo mismo que cuando periódicos, revistas, cadenas de
televisión y emisoras de radio promocionan al autor de turno que publica en la
editorial con la que comparten accionariado.
E.G.L.-¿Cree que
desde los grandes medios de comunicación se debería favorecer más la difusión
de la literatura?
Por supuesto. En principio, su alcance los
convierte en el medio más idóneo para la transmisión de la cultura. Ahora bien,
inmersos en la lógica mercantilista, ¿aprovecharían su potencia para difundir
productos más minoritarios y poco rentables como la poesía? ¿Darían voz a las
editoriales más pequeñas y a los autores desconocidos? ¿Querrían estar al
margen de intereses? Seguramente no.
E.G.L.-¿Llegará a
ser más fiable la visión que la literatura plasme de los graves acontecimientos
actuales que la de algunos medios?
Un escritor no tiene por qué contar lo que ve
ni ayudar a interpretarlo. Un periodista sí. Si la literatura es un reflejo de
la realidad es solo porque el escritor forma parte de ella.
E.G.L.-¿Por qué se
inclina a la hora de escribir y de leer, por la prosa o la poesía?
Solo escribo poesía. En cuanto a la lectura,
siempre simultaneo la lectura de poesía y prosa.
E.G.L.- Hay
quienes tienden a rechazar la poesía, ante la universalidad de la prosa. La
poesía no es un producto…
La poesía se adapta mal al consumo masivo.
Muchos lectores tratan de entenderla racionalmente, cuando lo que exige es una
actitud más receptiva, más contemplativa, muchísimo más intuitiva y abierta. No
funcionamos así hoy en día.
E.G.L.- Sí son
buenos tiempos para las revistas literarias que se han convertido en el único
escaparate posible para grandes autores que escriben en la sombra, sin que los
lectores puedan ver sus libros en las estanterías de las tiendas. ¿Cómo cree
que se podrían abrir paso para conseguir publicar sus obras?
La verdad, no lo sé. Las grandes editoriales
rara vez miran hacia autores noveles. Las pequeñas, bastante tienen con subsistir.
Y cuando uno consigue publicar, el verdadero problema es la distribución y la
difusión de la obra. ¿Cómo hacer que tu libro esté en librerías importantes el
tiempo suficiente y en un lugar visible? ¿Cómo conseguir una reseña en un
medio? La poesía necesita atención. Necesita certámenes limpios que den a los
autores la capacidad de mostrar su obra, entidades públicas y privadas que
habiliten circuitos de calidad, y necesita, por supuesto, que no se la ignore
desde la escuela.
E.G.L.- Dice usted
en un poema "me descoyunto al doblar sábanas a solas", ¿no es la
soledad la que ha inspirado a los mejores poetas, la escondida senda? A menudo,
cuanto mayor es el drama interior del poeta más crece la intensidad de su
poesía, con estas palabras me lo refirió Guillermo Carnero: Creo que Miguel
Hernández, como todo escritor, le debió a sus desgracias, frustraciones y fracasos
la mejor de sus motivaciones: la profundamente arraigada en la realidad de lo
intensamente vivido.
La poesía es un ejercicio de introspección,
de profundidad, y nada como el dolor nos hace ser conscientes de nosotros
mismos y preguntarnos por qué las cosas son como son. ¿Alguien se pregunta por
qué está alegre? ¿Por qué tiene éxito o por qué todo funciona? No, como mucho,
sale a celebrarlo. La alegría es expansiva, la tristeza introspectiva. Se puede
hacer un poema sobre la alegría pero, en términos generales, como decía David
Lynch, “si quieres peces grandes, tienes que irte a lo profundo”. Y lo más
íntimo, lo más escondido, es la mayoría de las veces un dolor o una herida.