EFRAÍN BARTOLOMÉ (Ocosingo,
Chiapas, 1950). Su
obra poética, que llega ya a los veinte títulos, ha sido reunida en los
volúmenes AGUA LUSTRAL Poesía 1982-1987, Col. Lecturas mexicanas, CNCA, México, 1994; OFICIO:
ARDER Obra poética 1982-1997, Col.
Poemas y Ensayos, Universidad Nacional Autónoma de México, 1999; y EL
SER QUE SOMOS, Col. Antologías, Editorial Renacimiento, Sevilla, 2006. También en España apareció
recientemente el libro Cuadernos contra
el ángel, Ediciones Valparaíso, Granada, 2013.
Enrique G.L.- ¿Cómo se define?
Efraín Bartolomé- Como un servidor fiel de la
gran Diosa.
E.G.L.-¿Qué paisaje
considera como el más importante en su vida?
E.B.- El paisaje del alma, con sus
luces y sus sombras, con sus cimas y sus simas, con sus lisuras y sus
anfractuosidades.
E.G.L.-Es usted
psicólogo, en su caso la etimología griega que da origen a esa palabra se
cumple a la perfección porque en su poesía se combina el "logos" con
la "psique", pero en un tono nada pesimista sino admirado por el
mundo que le rodea. Vivimos tiempos de depresión profunda, en el que la gente
no es capaz de ver la luz. ¿Cree que la buena poesía bien entendida podría ser
una buena terapia?
E.B.- Conviene recordar que, en la
antigüedad, para que un aspirante a poeta fuera iniciado en los misterios,
tenía que cumplir una función curativa en su sociedad: ser médico, o intérprete
de sueños, o intérprete del Oráculo. No es accidental: en todos estos casos el
aspirante está en contacto permanente con la emoción humana: con el dolor, con
la ira, con los temores, con las angustias, con las alegrías, con las emociones
sombrías y con las luminosas. Yo elegí la psicoterapia como campo de ejercicio
profesional y la poesía fue mi pasión desde niño. En los dos campos se trabaja
con las emociones. Si un poema no tiene un origen emocional, no tendrá destino
emocional. Cuando eso sucede el poema nace muerto. Aunque esté bien hecho
formalmente no pasa de ahí, de cascarón vacío. Lo dije hace años en un epigrama
llamado
FONDO Y FORMA
El hombre aquel ya estaba muerto.
Sólo forma quedaba: cuerpo desierto.
El conocimiento que sobre las emociones me ha
dado la poesía, aunado al conocimiento que sobre el mismo tema me ha dado la
ciencia del comportamiento, explican bien que esté a punto de cumplir cuarenta
años de ejercicio profesional entregado y eficaz. Por algo poiesis es creación, mientras que neurosis es inmovilidad y
autoderrota.
E.G.L.-Le han definido
como un poeta torrencial, en cierto modo nerudiano, afirmativo, celebrativo.
¿Se considera así?
E.B.- En algunos libros es así, en
otros ocurre lo contrario. Publiqué un libro en 1997 con el título de Avellanas. La razón es que, entre los
celtas, la avellana es un símbolo de sabiduría concentrada: algo dulce,
compacto y alimenticio, encerrado en una pequeña concha dura. Unión feliz de
fondo y forma: gota de poesía. Se trataba, entonces, de sujetar el río, de
oprimir el carbón hasta el diamante. Hay una sección de ese libro amparada por
un epígrafe de Ahmed Rassen que dice: “Más allá de los tres versos / el poema
se convierte en novela.” Me hice el reto y lo acepté. Salí victorioso. El río
es torrencial o quieto, se despeña o entra en la quietud, se separa y se une,
se disgrega y se congrega, es cascada y está hecho de gotas. Del mismo modo que
el río, el poeta dispone de todas esas formas y las empleará según lo requiera
la emoción que busca casa en el poema.
E.G.L.-Su infancia está
presente en su poesía, concretamente recuerdo aquel poema Siempre!, en que
recuerda a su padre. ¿Qué siente al recordar este poema y todo aquello que le
inspiró para escribirlo?
E.B.- Sí, el paraíso perdido de la
infancia lo recuperé en mi primer libro: Ojo
de jaguar, un libro escrito entre los 25 y los 30 años, a partir del
nacimiento de mi primer hijo. Fue como recuperar para el ojo infantil las
maravillas que me había tocado vivir y que se perdían inexorablemente. En ese
libro aparece mis padres en un poema llamado Casa paterna. El libro del que hablo se publicó en 1982. Varios
años después escribí Siempre!, a raíz
de una foto mía aparecida en la revista mexicana que se llama así. Al ver mi
imagen en ella se me vino la cascada de imágenes de mi pueblo y mi vida de
niño. Mi pueblo, puerta de entrada a lo que entonces era la Selva Lacandona,
tenía tres mil habitantes y no había carretera. Todo trato con el exterior era
a través de avionetas o de arriería. Las revistas y los periódicos eran un lujo
para pocos. Pero mi padre siempre llevaba la revista a la casa y uno, sin
saberlo, tenía en ella un espejo de México. En el momento en que escribí el
poema mi padre estaba perdiendo la vista y me dolía que ya no pudiera ver la
foto de su hijo en la que fue su revista política preferida. El año pasado, a
los noventa y tres años, mi padre murió. Yo estaba en España y no pude regresar
para su funeral. En Madrid escribí una elegía con el dolor agudizado por los
diez mil kilómetros de distancia a la que me encontraba.
E.G.L.-El entorno en el
que creció tan repleto de una naturaleza salvaje y libre que rodeaba Ocosingo,
¿en qué medida ha influido en su
creación poética? ¿qué sentimientos y pensamientos vienen a su mente al evocar
la naturaleza que lo rodeó?
E.B.- La gran selva fue atacada por el progreso.
En los casi sesenta y cuatro años que llevo de vida pasamos de diez millones de
hectáreas de vegetación primaria a tan sólo doscientas mil, y la amenaza sigue.
Destruimos el templo en que vivía la Diosa, la dejamos sin casa. Mi libro Ojo de jaguar, que está a punto de
aparecer por décima segunda vez, ha registrado mis deslumbramientos y mis dolores
al respecto. El libro ha crecido como una criatura viva a lo largo de treinta
años. Debe tener el triple de extensión de la que tenía en su primera edición.
Todos los pensamientos y sentimientos esperables aparecen en ese libro. Es
curioso: un libro que me parecía tan entrañablemente individual, tan mío, tan
privado, ha servido para que mis lectores de Chiapas, de México y del
extranjero encontraran su espejo. Así es el poder de la palabra poética cuando
el poeta escribe con limpia honestidad lo que pasa en su alma.
E.G.L.-¿Hay en usted una
fuerte conciencia ecológica como vemos en su poema "Jaguar en luna
llena"?
E.B.- Y en todo Ojo de jaguar. Estoy convencido de que el poeta verdadero está al
servicio de la gran Diosa Deméter, a cuyo cuidado están los misterios de la
germinación, el crecimiento, la foliación, la fructificación, la muerte, el
enterramiento y la reproducción de la semilla. Sin vida vegetal no hay vida
animal, y sin estas no hay vida humana, y sin vida humana la existencia misma
de los dioses pierde sentido. No otra cosa se aprendía en la explicación de los
mitos de Deméter y Kore en los misterios eleusinos. El poeta verdadero sirve a
la Diosa y no a los dioses usurpadores: Zeus y el poder, Apolo y la lógica,
Plutón o Hades y el dinero. El poeta honra a la Diosa y no hace discursos para
el poderoso o para el buscador de poder, ni limita su conocimiento del mundo al
pensamiento sistemático, ni es publicista al servicio de los señores del
dinero.
E.G.L.-- Llama la
atención su poema en prosa El Cadejo, un curioso animal
imaginario inventado por usted y con cierto parecido a un jaguar. ¿Sigue
pensando que "vive escondido en el alma de ciertos hombres".
E.B.- El Cadejo es perro y es carnero, es danta y es toro, es cabrón y es
jaguar. No es una invención mía: como todo mito, es una creación colectiva. En
este caso de todos los habitantes de Centroamérica, desde Chiapas hasta
Nicaragua. Yo crecí con esa leyenda que se contaba a la luz de las fogatas en
las noches oscuras de mi infancia, en las casas del pueblo o en los ranchos.
Tras escribir el poema e integrarlo a mi libro Ojo de jaguar, en una sección llamada Lengua nocturna, sentí que había tocado una veta de oro: una
especie de via regia para la
exploración del alma de los habitantes de la región donde me tocó nacer. Hace
un mes le puse punto final a un libro nuevo que se llamará así: El Cadejo¸ y que en ciento veinticinco
páginas de verso y prosa, muestra los resultados de esa primera aproximación. Y
creo que todavía puede crecer.
E.G.L.-- En “La
lengua y las hermanas”, celebra la
existencia y la vida. ¿Cree que los poemas deben celebrar las cosas del mundo?
¿Para usted como poeta qué es la vida?
E.B.- El poeta celebra cuando los
misterios sagrados son respetados por su prójimo; y grita, denuesta, protesta,
cuando dichos misterios son violados. Vida y muerte son dos rostros del mismo
proceso. No olvidemos que la chispa vital surgió de la unión de moléculas de
materia inanimada: carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno. Mientras vivimos,
honremos los misterios y no olvidemos que antes de nosotros está la eternidad…
pero también después.
E.G.L.- En
poemas como "Invocación", "Los dones" o "El oro más
pulido" nos transmite su idea sobre la poesía, sobre lo que es y sobre lo
que no es. Partiendo de estos tres poemas suyos ¿podría definirme cuál es su
concepción sobre la poesía y explicar qué siente al releer estos poemas?
E.B.- La poesía es la unión feliz de música,
imagen y sentido con poder para producir emociones porque viene de una emoción.
El poeta descubre en la realidad interna o externa algo que lo altera, que lo
conmueve de tal modo que le parece digno de ser comunicado a sus hermanos.
Entonces obliga al lenguaje a decir eso que le pasó y que no tenía palabras ya
hechas para ser nombrado. Lucha contra el lenguaje y lo derrota. El lenguaje,
entonces, se levanta de su derrota y se yergue triunfador: con más poder para
comunicar, para hacer que se establezca la comunión entre dos espíritus: el del
creador del poema y el del lector del mismo. No por otra razón el libro donde
vienen los tres poemas citados en tu pregunta se llama Partes un verso a la mitad y sangra.
E.G.L.- La mujer en su
poesía es muy importante, a ella dedica su "Canto en voz baja", ella
es la mulata que lo visita en sueños en la postal de Guanabacoa, es "La niña" de sus ojos y la "Muchacha en Seaport village"
a la que le brindó. ¿Qué importancia tiene para usted el amor y la mujer como
fuente de poesía?
E.B.- Dios es mujer, dice el rumor entre los
siglos. Lo dije antes en relación a Deméter. La mujer es uno de los tres rostros
con que la Diosa suele revelárseme: Naturaleza, Mujer, Poesía. La naturaleza
encarna en mujer y la Diosa sólo responde cuando es invocada con palabras de
poeta.
- Muchas
gracias por colaborar con El brazal de las letras.
Un
fuerte abrazo desde México y bienvenido quien quiera corresponderlo.