Juan Ramón Barat escribe
poesía, teatro y novela. Su público no puede ser más variado; escribe
para niños y mayores. Entre sus obras poéticas destacan: Breve discurso sobre la infelicidad (Premio Leonor) o Malas compañías (Premio Blas de Otero). En 2013 ganó el XVII Premio Ciudad de Salamanca por su obra El infierno de neón.
Enrique G.L.- ¿Cómo se define?
Juan Ramón Barat- Intento ser una persona
sencilla y vivir con alegría. Trato de hacer la vida fácil a los que me rodean,
ser positivo en todo y dar sin exigir nada a cambio.
E.G.L.- Un actor y una actriz:
J.R.B.-Es difícil, pero lo intentaré:
Charles Chaplin y Kate Beckinsale.
E.G.L.- Una
película:
J.R.B.-Cinema Paradiso.
E.G.L.- Una obra:
J.R.B.- Si hablamos de pintura, El
jardín de las delicias, del Bosco. Si hablamos de arquitectura, la catedral
de Milán. Si hablamos de música, La
flauta mágica. Si hablamos de teatro, Esperando
a Godot. Si hablamos de ensayos: El
míto de Sísifo, de Camus. Si hablamos de gastronomía, la paella.
E.G.L.- Un autor:
J.R.B.- Salvar a uno es imposible, pero yo me quedo con Hermann Hesse.
E.G.L.- Es poeta,
escribe novelas, obras de teatro. ¿Cuál es el género que más le gusta como
escritor y como lector?
J.R.B.- Sinceramente, y no es un tópico, me gustan los tres por igual. Es
como si me preguntaran: “¿Cómo te gustan más los huevos?”. Pues en realidad, me
gustan fritos, en tortilla, cocidos y revueltos. No sabría decir. Una vez le
preguntaron al rey Carlos I qué idioma prefería: español, alemán o italiano. El
rey respondió: El alemán para hablar de la guerra, el italiano para hablar de
amor, el español para hablar con Dios. Yo diría: la poesía para hablar de
sentimientos, la novela para contar historias, el teatro para pasármelo bomba.
E.G.L.- Además de
cultivar géneros para adultos en numerosas ocasiones ha osado prodigarse por el
mundo de la literatura infantil, literatura a la que el canon mantiene al
margen, pero sin duda vemos muchos escritores que lo han cultivado
magistralmente…
J.R.B.- Sí. Me gusta escribir también para gente joven. Es muy divertido y a
la vez muy difícil. Yo creo que los niños no son tontos y que hay que hablarles
como a seres inteligentes. Por esa razón, no es fácil. Para mí, supone un reto.
E.G.L.- Estudió
Filología clásica y su gusto por lo clásico queda patente en su obra. Escribió
nada menos que una versión del Anfitrión
de Plauto. ¿Cree que la literatura sería de más calidad si se dejara un poco el
barroquismo en el que parece que nuestra época está inmersa y volviéramos
nuevamente a la inspiración clásica?
J.R.B.- Yo creo que debemos conocer nuestro pasado, saber quiénes somos de
dónde venimos para saber a dónde vamos. Un escritor debe conocer las grandes
obras de la literatura, haber leído a los maestros clásicos, estar
familiarizado con los tópicos, los mitos, los grandes temas, las corrientes…
Solamente el que conoce el material con el que trabaja puede crear algo serio.
No se puede crear desde la nada. Es imposible. No venimos del vacío.
E.G.L.- Usted
demuestra que la sencillez no está reñida con la buena poesía. ¿Cree que si la
gente consume poco poesía es porque no la entiende?
J.R.B.- Estoy completamente convencido. La gente no lee poesía porque no la
entiende. Y los poetas son bastante culpables de esta situación. No hace falta
ser oscuro y hermético para crear buena poesía. Más bien al contrario. Los
grandes poetas son clarísimos: San Juan, Garcilaso, Bécquer, Machado… Para mí,
la mejor poesía es aquella que se dice con palabras claras, corrientes, con las
metáforas justas, y que encima habla de cosas profundas, de los enigmas del ser
humano, de las pasiones y frustraciones del hombre… Eso lo entiende todo el
mundo.
E.G.L.- Se prodiga
siempre que lo llaman por los centros educativos para llevar la literatura a
todos ellos, no se limita a permanecer tras la barrera del libro. ¿Cree que los
escritores deberían ejercer más esa labor de difusión literaria?
J.R.B.- Yo voy a los colegios e institutos donde me llaman. Eso no es ningún
secreto. El año pasado estuve en más de
80 centros. Me gusta hablar con los chavales, leer poesía, contar anécdotas,
explicar cómo se gesta un libro, cómo se escribe un poema, qué hay detrás de
una novela… Hay muchos chavales con ganas de aprender.
E.G.L.- Quizá ande
desencaminado, pero su obra El infierno
de neón (obra ganadora del XVII Premio Ciudad de Salamanca 2013) recuerda
un poco a Dante por el título. Es en palabras de Luís Alberto de Cuenca una
novela en la que se entrelazan dos mundos. ¿Cómo describiría brevemente esta
novela?
J.R.B.- Pues realmente no tiene nada que ver con la Divina Comedia. El infierno de mi novela es un infierno metafórico.
Muchas mujeres inocentes se ven obligadas a prostituirse, extorsionadas por las
mafias. Esto es una triste realidad. Existe el tráfico de mujeres en nuestra sociedad
actual. Todo el mundo lo sabe pero nadie quiere erradicarlo. A lo mejor es que
no interesa. Mi novela es una novela de denuncia. Ya veremos qué pasa con la
crítica cuando salga a la luz. En la trama de mi novela se entrelazan dos
mundos: la vida de un humilde profesor de instituto y el mundo de las redes de
prostitución. Inesperadamente, la vida de ese profesor (Matías Vidal) dará un
giro de 180 grados, cuando se vea involucrado en un violento asesinato. A
partir de ahí, ya nada será igual.
E.G.L.- ¿Está
escribiendo actualmente algún libro?
J.R.B.-Por
supuesto, siempre estoy tramado algo. Poesía, teatro, novela… Concretamente,
estoy pendiente de la segunda parte de Deja
en paz a los muertos, novela de misterio, juvenil, que ha tenido mucho
éxito. De momento, el título provisional es La
sepultura 142. Además, de eso, he concluido dos novelas distintas, una de
tipo histórico (Jaque al emperador) y
otra en la que hablo de libros y escritores malditos (El clan de los inquisidores). Al margen, tengo otros proyectos,
claro está.
E.G.L.- Gracias
J.R.B.-De nada. Hasta la próxima ocasión.

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